En las alturas de la Puna, donde el viento escribe historias en la tierra, un antiguo diálogo entre la gente y la montaña está renaciendo. En la estación experimental agropecuaria Abra Pampa, Jujuy (Argentina), y en muchas otras regiones andinas, las comunidades están volviendo a tender la soga del Chaccu, el arreo ritual de vicuñas, transformando una tradición milenaria en una poderosa herramienta de soberanía, conservación y resiliencia climática.
Un legado que vuelve del pasado
El Chaccu (vocablo quechua que significa “captura”) es una práctica preincaica que casi desapareció tras siglos de caza furtiva. Hoy, entre octubre y diciembre, renace como un acto de profundo respeto: una captura sin muerte. Guiadas por una larga soga adornada con “chimpas” —retazos de tela de colores—, las vicuñas son arreadas suavemente hacia corrales para la esquila. Catamarca fue pionera en Argentina en esta recuperación, un ejemplo que ahora se expande.

Más que una esquila, un modelo de vida
Este ritual es el corazón de un sistema económico regenerativo. La lana de vicuña, una de las fibras más finas del mundo (15 micrómetros), se transforma en hilados y tejidos de altísimo valor en telares comunitarios. Pero su verdadera riqueza es ecológica: a diferencia del ganado introducido, las vicuñas son pastoreadores de bajo impacto. Sus almohadillas no erosionan el frágiel suelo de la Puna, y su forma de alimentación permite la rápida recuperación de los pastizales.
La vicuña: un símbolo de conservación exitosa y frágil
La recuperación de la vicuña es uno de los mayores éxitos de conservación en Sudamérica. De estar al borde de la extinción, hoy su estado ha mejorado, aunque sigue dependiendo críticamente de la protección humana. Su distribución se limita a la Puna, por encima de los 3.200 metros, donde ha coevolucionado con el ecosistema. Cada país andino (Perú, Bolivia, Chile, Argentina) ha implementado modelos de manejo distintos —en libertad, en cautiverio, o mixtos—, bajo el marco de convenios internacionales que prohíben la exportación de especímenes.

Un puente entre el conocimiento y el futuro
Reconociendo su valor cultural y ambiental, el gobierno de Catamarca firmó un Compromiso de Cooperación con la UNESCO y el Consejo Federal de Inversiones para “salvaguardar la práctica del Chaccu” y promover su enseñanza en escuelas. Este paso crucial busca institucionalizar un saber ancestral, asegurando que las nuevas generaciones vean en esta práctica no solo un recuerdo, sino un camino viable hacia un futuro sostenible.
El resurgimiento del Chaccu es mucho más que la recuperación de una técnica. Es un acto de resistencia biocultural y una estrategia brillante de adaptación al cambio climático. Frente a la aridez y la variabilidad climática, las comunidades andinas están diversificando sus economías volviendo a modos de vida que honran los límites ecológicos. Demuestran que el verdadero desarrollo en las montañas no llega importando modelos ajenos, sino rescatando la profunda sabiduría que ya habita en el territorio, donde el arreo de una vicuña se convierte en un acto de esperanza tejido con la fibra más fina de la resiliencia andina.



